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6. Nuestros bosques: El pinar mediterráneo.

El pinar mediterráneo.

Esplendidos pinos en los Montes Universales.
Abundante sotobosque en el pinar mediterráneo.
Romerilla, una planta común en el sotobosque.
Detalle de la corteza de un pino carrasco.
Arbusto de Boj.
La corteza del pino está llena de detalles
Pinares en la Sierra del Tremedal en Teruel.
Pinar en los Puertos de Beceite.
Serreta Negra
Pantano de Pena en Beceite.
Pinar de Rodeno en las cercanías de Albarracín.
Si ahora nos pidieran que pensaramos en un pinar que conozcamos, seguramente pensaríamos en el pinar que rodea nuestro pueblo o ciudad, si vivimos en Zaragoza nos acordaremos de los pinares de Torrero o quizá, un poco más lejos, de los bosques de pinos del Moncayo. Evidentemente, hablamos de pinares, pero precisamente éstos no son representativos. La mayoría han sido plantados por el hombre. Por este motivo, al pensar en ellos nos hemos imaginado un suelo de color marrón, con montones de acículas (hojas en forma de aguja) en el suelo y sin otros árboles o arbustos que los acompañen.
Sin embargo, en Aragón tenemos pinares mediterráneos autóctonos y de calidad, algunos muy húmedos, tanto que al recorrerlos pisamos sobre una almohadilla verde: es el pinar musgoso. También tenemos bosques de pinos con un rico sotobosque (arbustos y otras plantas bajo los árboles) y pinares sobre sustratos pobres que, poco a poco, año a año, van generando suelo más rico y fértil para que se puedan implantar otras especies.
El pinar musgoso es amante de las umbrías, de la humedad del mar de los suelos que fueron del haya y ahora ocupan los pinares debido a los cambios climatológicos acaecidos durante millones de años. El aporte de agua que reciben no sólo es de lluvia, sino también de la condensación de la humedad del ambiente sobre las hojas, que se convierte en pequeñas gotas de agua que resbalan por las ramas y tronco hasta caer al suelo. Una vez que el musgo está fijado a los pies del bosque también recibe humedad de la escorrentía, agua que corre tras la lluvia y que el musgo frena y retiene, evitando así la erosión del suelo. El sotobosque que acompaña a estos frescos pinares está formado entre otros por distintas especies de brezos, arbustos como el boj (Buxus sempervirens), la gayuba o uva de oso (Arctostaphylos uva-ursi), o alguna especie de madreselva.
Estos pinares irán modificándose a medida que el clima se vaya continentalizando. Si nos dirijimos a lugares más alejados del mar o lugares más aislados del Atlántico por la presencia de montañas que actúan como una barrera que impide el paso de las nubes, estos ambientes continentales se caracterizan por inviernos largos y fríos y veranos cortos pero calurosos. Otros factores que favorecen el cambio de tipo de pinar son la orientación sur de las laderas donde habitan y los suelos más pobres, ya sea de forma natural o por la interacción humana. En estos casos, la colaboración de los arbustos es muy importante, así el boj (Buxus sempervirens) o el erizón (Echinospartum horridum) serán fundamentales como especies pioneras que crean y mantienen suelos favorecedores de la recuperación del bosque.
En Aragón hay varias especies de pinos, dos de ambiente eurosiberiano: el pino negro (Pinus uncinata), el árbol más alpino de la Península que habita por encima de los 1.500 metros de altitud, y el pino silvestre (Pinus sylvestris) o pino albar, que en Aragón llamamos pino royo por el color anaranjado de su corteza. Este árbol forma bosques puros en el piso montano de Pirineos, Prepirineo y Sistema Ibérico, pero no aparece de forma natural en el Valle del Ebro.
Nos centraremos en esta ocasión en los pinos de ambiente mediterráneo que en Aragón componen cuatro especies distintas.
El pino laricio o pino negral (Pinus nigra salzmannii), típico pino de montaña mediterránea, que vive en ambientes con cierta humedad por encima de los 600 metros de altitud y forma bosques puros aunque en ocasiones se mezcla con robles y encinas. En Aragón, el pino laricio se distribuye principalmente por el Prepirineo de las comarcas del Sobrarbe y la Jacetania, forma importantes bosques en la cara sur de San Juan de la Peña y está también presente en el Moncayo y en todas las sierras de Teruel.
El pino rodeno (Pinus pinaster) también llamado pino resinero es otra especie de ambiente mediterráneo que forma bosques espontáneos en la sierra de Albarracín y conforma un bello paisaje de roca y árboles que fue declarado en 1995 Paisaje Protegido de los Pinares de Rodeno.
También de ambiente mediterráneo, el pino piñonero (Pinus pinea), propio de climas cálidos que no soporta las heladas. Su nombre piñonero se debe a que ha sido cultivado para la producción de piñones. Ésta es una especie no autóctona que fue introducida en la Península por fenicios, griegos y romanos. En Aragón, es un árbol de distribución muy reducida.
Finalmente, el pino mejor adaptado a la sequía de la península es el pino carrasco (Pinus halepensis), pino mediterráneo por los cuatro costados que se adapta a vivir sobre suelos erosionados, secos y abruptos, incluso aguanta sobre estratos yesosos, así que no extraña que haya sido profusamente utilizado como especie para repoblar por su resistencia.
Los pinares mediterráneos aragoneses vienen determinados por factores climáticos, precipitaciones anuales, humedad ambiental, heladas, tiempos de sequía o la presencia de nieblas, así como por factores geográficos como la proximidad al mar, orientación umbría o solana, sustrato edafológico (tipos de suelo) o las formaciones vegetales preexistentes. Si a todo esto añadimos la interacción humana sobre el paisaje tendremos el lienzo sobre el que pintar los pinares aragoneses.
Los bosques de pinos tienen una gran importancia en el paisaje mediterráneo. Los pinos pertenecen a la familia de las coníferas, son especies muy antiguas y bien adaptadas a las condiciones climáticas duras, aguantan el frío intenso o períodos largos de sequía. Los pinares son bosques más antiguos que los bosques de frondosas como los hayedos; cuando éstos aparecieron sobre la Tierra mejor adaptados y más evolucionados, colonizaron los ambientes benignos y más templados y relegaron a los pinos a las zonas más difíciles y adversas, donde los suelos son más pobres, los lugares más secos o a las altas montañas donde se dan condiciones climatológicas realmente duras.
Los pinares son bosques muy luminosos, sus pequeñas hojas y su porte hacen que pase gran cantidad de luz al interior. Esta circunstancia hace que el pinar sea un bosque «generoso» y ecológicamente muy rico, ya que permite la existencia de un variado sotobosque que acompaña a estos árboles. Crea suelo fértil y sobre todo crea suelo en zonas donde el terreno es árido y pobre.
Un buen pinar visitado en primavera tiene el suelo verde, muy verde e innumerables flores. Pero lo que realmente nos va a sorprender es el aroma, cada planta exuda un olor diferente y más intenso cuanto más alta sea la temperatura. Si a esto le añadimos el penetrante aroma de la resina tendremos una experiencia olfativa difícil de olvidar.

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